lunes, 8 de agosto de 2016

México al espacio

Ciudad de México (Agencia Informativa Conacyt). Durante la celebración de la Aldea Digital en el Centro Histórico de la Ciudad de México, un tema que no podía faltar fue el espacio, mismo que abordó el doctor José Alberto Ramírez Aguilar, un científico mexicano especialista en el tema y con una amplia trayectoria, quien consideró que es tiempo de que México pueda ser protagonista en la carrera espacial. 

El investigador de la Unidad de Alta Tecnología (UAT) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Campus Juriquilla, platicó sobre los intentos que el sector en México ha desempeñado, los errores, aciertos, nuevos trabajos y estrategias con nano y microsatélites para que finalmente la comunidad mexicana lo logre.

El futuro 


"El porvenir de los siguientes años tendrá un énfasis en el desarrollo del espacio, es decir que muchos de los negocios, investigaciones y desarrollo biológico se realizará allá arriba. El desarrollo de ingenios en el campo de las telecomunicaciones, telemedicina, conectividad a Internet, observación terrestre para prevenir desastres naturales son algunos de los ejemplos en los que el aprovechamiento del espacio es totalmente necesario para su funcionamiento... y México está a la puerta de subirse a la carrera espacial y generar beneficios para nuestro país”, expresó Ramírez Aguilar. 

Actualmente el país cuenta con una Agencia Espacial Mexicana (AEM) que brinda oportunidades para impulsar la investigación espacial, por ejemplo con los acuerdos internacionales con importantes instituciones y universidades en los que México participa, el fondo sectorial AEM-Conacyt, entre otras. 

Además, agregó el especialista, otro punto que debe aprovecharse es que “México tiene la oportunidad de subirse a la carrera espacial a través de la creación de dos clases de satélites: microsatélites y nanosatélites”. 

Desde años atrás, la industria espacial ha concentrado las tareas satelitales a estos aparatos de grandes dimensiones y costos de hasta 150 millones de dólares que al finalizar su vida útil son desorbitados y abandonados en órbita terrestre generando basura espacial, un problema que podría causar accidentes catastróficos. Sin embargo, recientemente las universidades han ingeniado el uso de satélites más pequeños que pueden lograr tareas similares a costos mucho más accesibles para las instituciones privadas y educativas y con el componente de sustentabilidad espacial. 

La creación de estos pequeños satélites requiere diversas áreas de la ingeniería, pues se hace uso de la ingeniería electrónica, computacional, mecánica, mecatrónica, eléctrica, industrial, “los proyectos espaciales son multidisciplinarios y abren las puertas a todos los jóvenes para que conozcan opciones de desarrollo profesional”, añadió. 

En esta línea, la UAT trabaja en proyectos espaciales en los que incluyen estudiantes de licenciatura y posgrado para crear en ellos una formación espacial. 

Ingeniería mexicana 


Para lograr esto, esta institución cuenta con el Laboratorio Nacional de Ingeniería Espacial y Automotriz en Juriquilla, Querétaro, un proyecto apoyado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y en el cual actualmente este investigador y sus colegas desarrollan proyectos como el nanosatélite TubeSat Ulises 2.0 o el proyecto Quetzal, un microsatélite para el monitoreo de contaminantes atmosféricos, entre otros proyectos en los que participan estudiantes mexicanos, para que en los próximos años México represente una potencia en el ámbito espacial. “El futuro está en el espacio”, concluyó el doctor José Alberto Ramírez Aguilar. 

Los microsatélites tienen masas de 10 a 100 kilogramos con tiempo de vida de entre dos y cinco años con costos entre los cinco y 10 millones de dólares. 

Los nanosatélites pesan entre uno y 10 kilogramos con vida útil entre uno y cuatro meses. 

El doctor José Alberto Ramírez Aguilar es ingeniero en electrónica por la UNAM, maestro en ciencias por el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) y doctor en ciencias técnicas en el área de radiorreceptores de a bordo de aparatos de vuelo por el Instituto de Aviación de Moscú (MAI, por sus siglas en inglés) en Rusia. 

Es miembro fundador de la Red Temática de Ciencia y Tecnología Espaciales (Redcyte) del Conacyt y de la Sociedad Mexicana de Ciencia y Tecnología Aeroespacial (Somecyta). 

Ha trabajado en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la UNAM, en el Programa Espacial de la UNAM, en Contel, Satmex y actualmente como investigador en ingeniería espacial en la UAT.